En el crecimiento del niño, es bastante importante cuidarlo con el fin de que al convertirse en adulto, sea un adulto formado con una escala de valores, con cimientos sólidos para que el niño que se inicia en algún deporte permanezca el máximo tiempo posible.

Es labor del entrenador comunicar al niño que el éxito no va vinculado a la victoria y el fracaso a la derrota. El entrenador también debe ser un modelo de comportamiento, un ejemplo a quien los niños quieren imitar, debe ser congruente con su comportamiento y acciones dentro y fuera del campo de juego.

El entrenador debe ser motivador para plantear los entrenamientos (divertirse y aprender), debe ser inteligente y capaz de minimizar rivalidades, establecer un entorno adecuado para que los niños se sientan cómodos y plenos disfrutando de la actividad física. La planificación y trabajar con objetivos en los entrenamientos, influirá en el día a día de los niños, en su planificación y horarios de actividades.

Recapitulando todo lo anterior, afirmamos que el entrenador es un educador, gestiona el proceso de aprendizaje en la actividad deportiva, individual y de conjunto que llevados a la vida cotidiana complementan el proceso integral de educación.

Plantear los objetivos de manera correcta es de gran importancia. Fomentar la búsqueda y consecución de los mismos, pese a no obtener resultados en corto plazo es una óptima formación integral para establecer objetivos más a largo plazo.

El principal objetivo es FORMAR; elaborar y dar a conocer códigos de crecimiento continuo hasta asegurarse que se otorguen a todos las mismas oportunidades.

Los padres también ejercen un rol imprescindible, pues deben favorecer la participación deportiva, animando a sus hijos y actuando como modelos de estilo de vida activa y sana; son además asesores para el niño, con el fin de que él decida el papel que el deporte tendrá en su vida.

Cambia el juego, mejora el mundo.

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